Milán junto a Beatriz Orovio

2 años ago
andreina
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Milán: Un sueño cumplido

El verano pasado una joven chica de tan solo 20 años cumplía su sueño de toda la vida y visitaba al fin su país preferido: Italia. El destino elegido era Milán, donde se hospedaría durante una semana. Lamentos, llantos, malestar… pero en ningún momento arrepentimiento.

Todo comenzaba la última semana de julio, cuando rápidamente corría hacia el aeropuerto para no perder el vuelo. Sin embargo, hubo un inmenso retraso debido a que no todas las maletas cabían en la bodega, y debió esperar una hora más para embarcar. Tras otras casi tres horas de vuelo, finalmente estaba allí, en su destino soñado. Pese a no tener ni idea de italiano, sus conocimientos de latín la ayudaban a entender lo que ponía en las señales. Al aterrizar en el aeropuerto de Bergamo, cogió un autobús que tras otra hora de trayecto la llevó al centro, desde donde utilizó el metro para llegar a su hostal.

Parecía que, tras tantas horas de trayecto, por fin podría descansar en su habitación, pero después de realizar el check-in y dirigirse a abrir la puerta de su dormitorio, se dio cuenta de que la cerradura magnética estaba rota. Permaneció otra hora más en la recepción esperando a que el técnico la arreglase, y su alivio al poder tumbarse en la cama fue inmenso. Ese día no se sentía con fuerzas para salir a recorrer la ciudad, así que decidió irse a dormir pronto y madrugar al día siguiente.

Cuando los primeros rayos de sol entraron por la ventana, abrió los ojos y se vistió rápido para bajar a degustar el desayuno gratuito que le ofrecía el hostal. Ella no es de desayunar habitualmente, pero necesitaba fuerzas para afrontar el recorrido alrededor de la ciudad.

En primer lugar, no pudo resistirse a visitar la Catedral de Milán. Al salir del metro, la inmensidad de esta la dejó perpleja y asombrada, y pese a sus ganas de entrar dentro, la cola de espera era tan larga que no tendría apenas tiempo para visitar otros lugares. Así que se dirigió a la Galería Víctor Manuel II, donde la gente cumplía con la tradición que decía que daba buena suerte girar tres veces pisando la ilustración del toro. Aunque también tenía ganas de hacerlo, las tiendas que inundaban esa galería llamaron su atención. Las marcas más caras estaban allí, e incluso en el escaparate de Ferrari había un coche de Fórmula 1.

Durante los días que duró su viaje no paró de dar vueltas por toda la ciudad, enamorándose de cada uno de los rincones. En concreto, fue el Castillo Sforzesco el que le hizo transportarse a otra época, incluso sentía como si estuviera viendo uno de los escenarios donde se rueda Juego de Tronos. El último día decidió pasear por las calles principales de la ciudad, y en la Vía Torino se encontró con numerosas tiendas en rebajas, así que decidió entrar y comprarse un recuerdo. Sin embargo, tras probarse diversas prendas de ropa, no se sintió a gusto con ninguna de ellas y sus inseguridades se apoderaron de ella. Salió corriendo de la tienda y se refugió a llorar en un callejón.

El viaje estaba llegando a su fin y debía volver al hostal a recoger, así que visitó la Plaza del Duomo donde todo había empezado y se despidió de esa ciudad probablemente para siempre, aunque nunca se sabe con certeza. Los Canales del Navigli, el Teatro de la Scala, el Convento de Santa Maria delle Grazie e incluso el Estado de San Siro son lugares que siempre permanecerán en su memoria. Y este viaje siempre simbolizará un sueño cumplido y un aprendizaje inolvidable.

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Autor: andreina

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