Cuba: aprender a aprender

9 meses ago
Verónica González
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Mi experiencia en el Microproyecto Cultural de Maravillas de la Infancia

El verano pasado decidí irme a Cuba de vacaciones. Bueno, no exactamente de vacaciones. En realidad, el motivo de mi viaje fue el de colaborar con el Programa cultural Maravillas de la infancia, que se desarrolla en un pequeño barrio de Versalles ubicado en la provincia de Matanzas (a unimage00006os 100 kilómetros de La Habana).

Llevaba mucho tiempo queriendo volver al país (al que los canarios- yo soy tinerfeña- llamamos con cariño la octava isla). Tras meses buscando, en febrero encontré esta oportunidad ofrecida por la ONG AIPC Pandora y no dudé en mandar la solicitud. Cuando me informaron de que había sido aceptada en el proyecto no me lo podía creer.

Mi función en el proyecto era el de impartir talleres y realizar actividades tanto culturales y artísticas como de desarrollo comunitario. En total, fuimos un grupo de 12 personas de edades comprendidas entre los 18 y 35 años.  

Cada día, nos levantábamos a las 8 de la mañana, desayunábamos en la Quinta Anita (que es el local donde se desarrolla el proyecto) y comenzábamos las actividades sobre las 9:30- 10:00. Los talleres impartidos cambian según el año, pues son los propios voluntarios los que elaboran los mismos y por tanto se modifican en función de sus gustos y capacidades. En nuestro caso, impartimos talleres de yoga, juegos variados (físicos y de mesa), bisutería, radio y escritura. El aprendizaje no era unilateral, y nosotros también recibimos talleres, especialmente de salsa (soy un pato mareado, pero lo intenté). A medida que pasaban los días, la complicidad entre nosotros y la comunidad iba en aumento: muchas noches cenábamos con las familias del barrio y había días- los llamados “días en familia”- que estábamos todo un día con ellas. Para mí, estas eran las jornadas más especiales. La gente nos trataba como si fuésemos vecinos de toda la vida. Nos enseñaron el casco histórico, nos acogían en sus casas para el almuerzo e incluso, si daba tiempo, nos llevaban a sus preciosas playas.

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La gran mayoría de nuestro tiempo lo pasamos, como es lógico, en la Quinta Anita. Aun así, a continuación os dejo algunos highlights de Matanzas para que no los perdáis de vista si algún día tenéis la suerte de ir allí:

  • Heladería El Bolazo: creedme, os va a apetecer helado en Cuba. Mucho. Os lo digo yo que ni soy de dulce ni soy de helado y aún así El Bolazo me enamoró el estómago.
  • La Salsa: ideal para salir de fiesta. Muy buen ambiente. Eso sí, todo el mundo bailará salsa mejor que tú (en mi caso no era nada difícil superarme)
  • El centro histórico: Plaza de la Vigia y Teatro Sauto
  • Castillo de San Severino
  • Puente de la Concordia

La estancia en Versalles fue un sueño, interrumpido solo por inconvenientes estomacales (no sabría ponerle otro nombre) durante la primera semana. Fue increíble como todos los vecinos se volcaron para contribimage00005uir a nuestra recuperación. Mientras caminabas por la calle, la gente se asomaba a las ventanas para preguntarte cómo estabas y tú solo querías recuperarte para volver a reír con ellos en la Quinta Anita.

Como comprenderéis, la despedida estuvo protagonizada por los llantos de unos y de otros (yo la primera). Después de más de dos semanas conviviendo día a día con los vecinos de Versalles, era raro pensar que ya no les verías en, al menos, mucho tiempo. Con este huracán de sentimientos me subí a la guagua y, aún puedo recordar, verles desde la ventanilla diciéndonos adiós con la mano y hasta pronto con la mirada.

Si estás pensando en embarcarte en un proyecto similar solo puedo decirte: adelante. Aprenderás tanto (pero tanto) que nunca podrás ver el mundo de la manera en que antes lo hacías. Merece la pena, ¿no crees?

Verónica González
Autor: Verónica González

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