CAPADOCIA: TERCERA PARTE. RED TOUR

1 año ago
Yaiza García García
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Segundo día en Capadocia. Habíamos contratado el Red Tour y, como el día anterior, el minibús pasaba a buscarnos al hotel a las 9:30. Diréis, anda mira qué bien, no tuvistéis que madrugar mucho. Pues os equivocáis. Se nos ocurrió la geniaimage00019l idea de ir a ver los globos desde una colina altísima llamada Sunsset Point y, para ello, había que salir de casa a las 5:15 de la mañana. No obviéis el dato de colina altísima, porque la tuvimos que subir andando y nos dejamos los pulmones allí.

Es que no son horas. Una vez arriba, se nos quitó el sueño en un instante. La panorámica era de película. Los globos sobrevolando la ciudad de Göreme e incluso acercándose a escasos metros de donde estábamos situadas, mereció la pena. Estuvimos allí hasta que los globos aterrizaron y volvimos al hotel a desayunar y a prepararnos para nuestro segundo día de turismo.

Red Tour

Comenzamos el Red Tour, un tour con localizaciones mucho más cercanas que el verde y que nos costó lo mismo, 30 euros por persona. La duración también era algo menor. Nuestra primera parada fue muy breve en los alrededores del Castillo de Uchisar, el punto más alto de toda Capadocia. Fue una fortaleza usada como torre de vigilancia por los locales, llena de escaleras, túneles y cuevas.

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La siguiente parada fue el Museo al aire libre de Göreme, un monasterio inmenso con numerosas iglesias decoradas con frescos pintados en las rocas e incluso también podemos encontrar tumbas con restos humanos. Es importante saber que no está permitido sacar fotos dentro de las iglesias, ya que se podrían deteriorar las pinturas y frescos que tan bien han conseguido conservarse a lo largo de los años.

Museos

Después de pasar unos 40 minutos en el museo, tocaba hacer una visita algo más romántica, Love Valley, el valle del amor. Allí teníamos una vista panorámica de chimeneas de hadas. Además, había bancos con forma de corazón.  Tras sacarnos las típicas fotos en dichos bancos para enamorados más solas que la una, pusimos rumbo a Avanos, una zona famosa por sus cerámicas de arcilla procedentes del río Kizilirmak o río rojo. Allí, nos hicieron una demostración de cómo crean las figuras y la verdad es que eso no lo hace cualquiera. Cuando terminó, pasamos a una exposición de miles de piezas de cerámicas de todos los tamaños y colores. Consejo: si te interesa algo, REGATEA. Casi siempre funciona. image00028

Nos montamos otra vez en el autobús y llegamos al Valle de Devrent o de la Imaginación. La verdad es que su nombre le hace justicia. Fue una parada muy breve donde un paisaje que nunca estuvo habitado, se alzaba sobre nuestros ojos. Lleno de formaciones rocosas esculpidas por la naturaleza de una forma muy caprichosa. La erosión a lo largo de los años ha creado numerosas formas con parecido a animales, la Virgen María o dos personas besándose. Hay todo tipo de interpretaciones. 

Parada comercial

De ahí, nos dirigimos a otra parada comercial, una tienda-taller de alfombras artesanales. Allí, vimos cómo extraen el hilo de los gusanos de seda, cómo tejen alfombras y cómo preparan los tintes para estas. Después, nos llevaron a una sala donde nos fueron mostrando todos los tipos de alfombras para que comprásemos alguna. Precios elevadísimos y la verdad, fue bastante aburrido, pero por lo menos nos dieron té.

Por último, llegamos al Valle de Paşabağ, también conocido como el Valle de los Mojes. Es famoso por sus chimeneas de hadas de hasta 40 metros de altura coronadas por otras rocas en forma de seta o paraguas, según dicen. Aunque para ser honesta, de paraguas no tenían nada, para mi tenían más forma de pene. Nuestro guía se reía cuando se lo estuvimos comentando. Según él, todos los turistas lo piensan, pero ninguno se atreve a decirlo. 

Tras volver al hotel, decidimos hacer lo mismo que por la mañana, subir al Sunset Point, pero esta vez para ver el atardecer. Estaba repleto de gente y hacía algo de frío, pero la puesta de sol fue espectacular. Ver como el sol se iba poniendo y las luces de las casas de todo Göreme se iban encendiendo e iluminando toda la ciudad, mientras ondeaba la bandera de Turquía, es una imagen que jamás olvidaré. Merece muchísimo la pena. image00027

A comer y beber

Así acababa nuestro segundo y último día de turismo intenso, pero aún nos quedaba lo mejor, probar el raki, la bebida alcohólica por excelencia turca. Sabe a anís y no os voy a mentir, es fuertísima, casi se me saltan las lágrimas con el primer sorbo. El camarero nos recomendó que lo mezclásemos con agua, pero yo fui de valiente. Chicos, no hay necesidad de hacerse el chulo, por favor, probadlo con agua primero. De ahí, nos fuimos al hotel a descansar porque nuestro avión salía a primera hora de la mañana.

Capadocia, donde los cuentos de hadas y trogloditas, por muy diferentes que parezcan, se hacen realidad. Donde lo mismo puedes volar alto como un pájaro, que estar a muchos metros de profundidad. Donde los paisajes volcánicos y áridos se extienden durante kilómetros, para después ser frenados por un valle de color verde. Un lugar donde existe la magia y a donde volveremos. Porque tres días no son suficientes para apreciar tanta belleza.

Yaiza García García
Autor: Yaiza García García

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